Despertándonos con las noticias, con la alarma de algún gadget, sintonizando las noticias o incluso leyendo algún texto; sea la manera en la que se prefiera comenzar el día, lo más probable es que a no más tardar de 10 minutos después de habernos levantado, estemos siendo influenciados por algún medio de comunicación.
El uso y consumo mediático ha transformado drásticamente la manera de vivir de las personas que tienen acceso a los mismos. Actualmente nos encontramos expuestos a un sinnúmero de estímulos visuales, auditivos e incluso sensoriales que nos llevan (ya sea consciente o inconscientemente) a actuar de determinada manera; y a pesar de tener la libertad de exponernos a ellos, frecuentemente somos bombardeados por mensajes de una índole variada.
En lo personal, me reconozco como un consumidor frecuente de diversos medios; principalmente a través de plataformas electrónicas (no acostumbro ver televisión ni escuchar la radio). Desde una edad temprana, me inicié en el uso del internet; lo veía como algo extremadamente útil a pesar de que solo conocía algunas herramientas básicas del mismo.
Hoy en día, estoy acostumbrado a leer noticias en el monitor, a ver videos como entretenimiento y a navegar en las redes sociales por mero ocio.
Reconozco que muchas veces puedo considerar que pierdo el tiempo al navegar en internet debido a la gran cantidad de páginas que visito que no tienen otro fin más que el entretenimiento, pero también me he educado para realizar actividades formativas, como por ejemplo, leer noticias relevantes (cosa que no de ser por el internet, no haría).
Es curioso el impacto que ha tenido en mi vida el uso que doy a las plataformas. Me sé en gran parte malinchista, y lo confirmé el día que me enteré de los disturbios en Londres (a través del TT #prayforlondon) antes que el atentado que hubo en el Tec. de Monterrey, CEM. Parte de la expansión que han tenido los medios electrónicos, han influido en conformar una sociedad internacional (y en parte demócratica) con una fluidez de información casi instantánea.
La internacionalización de diversas tecnologías de multimedia nos permite (con pros y contras[1]) estar en contacto con gente y eventos de todo el mundo.
Incluso, plataformas como Youtube, permiten dar respuestas audiovisuales a preguntas escritas y vuelven la interacción algo más divertida; incluso un simple gif (los usuarios de Tumblr comprenderán) puede simplificar la interactividad y hacerla más amena.
Pero a pesar de la utilidad que le pueda ver a los medios electrónicos, confieso que sigo apegado a la lectura en textos físicos, por ejemplo. Pienso que las imágenes sí pueden transmitir mensajes, pero encuentro la imaginación (que poseo en peligro de extinción) un poco más estimulante. A fin de cuentas, nuestro pensamiento en gran parte se basa en las palabras.
Como conclusión, puedo decir, que creo en el llamado “mito del progreso”, porque a pesar de las facilidades que nos ofrece el uso y consumo mediático, factores como la híper-estimulación o los estupefacientes mensajes masivos (especialmente en México) nos pueden perjudicar; y debido al crecimiento exponencial de los medios, podemos vernos afectados cada vez más frecuentemente y de diversas maneras.
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